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El barco queda tan bien como queden sus cabos
La mayor parte del tiempo el barco está amarrado. Es también cuando ocurre buena parte de los daños, y casi siempre en los mismos sitios: un cabo corto, un esprín que se omitió, una defensa a la altura equivocada.

Tomar vuelta en una cornamusa
Primero una vuelta redonda al pie, después dos o tres cruces, y un cote de remate al final. Lo que importa es el orden: la vuelta redonda recibe la carga, los cruces solo la sujetan.
Amarrar a la vuelta
Se pasa el cabo doble por el noray o la anilla y los dos chicotes quedan a bordo. Así se larga sin bajar a tierra y sin dejar a nadie en el pantalán.
El sistema de amarre
Largo de proa, largo de popa, esprín de proa, esprín de popa y, si hace falta, un través. Los dos esprines impiden el movimiento longitudinal en el atraque, y son justo los que más se omiten.
Adujar y aclarar
Un cabo adujado corre, un cabo tirado de cualquier manera se enreda justo cuando hay prisa. La sirga se lanza de modo que la aduja se abra en la mano y no se enganche en el pie.
Defensas
A la altura del pantalán o del casco vecino, no a ojo. Se hacen firmes en el candelero o el pasamanos, nunca en la red de guardamancebos, que no está hecha para eso.
Fondear
Cadena de cuatro a siete veces la sonda, según tiempo y fondo. Bola de fondeo de día, luz de fondeo de noche. Y tomar una demora a dos marcas fijas en tierra: el garreo se ve en la demora mucho antes de notarse.
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En zonas de marea el largo de los cabos no se calcula con el agua que se ve, sino con el punto más bajo de la noche. Un cabo que queda tenso en bajamar hace palanca sobre la cornamusa o el noray, y el daño acaba en la cubierta, no en el cabo. Si deja el barco desatendido durante semanas, lea además su propio contrato: muchos condicionados imponen obligaciones expresas sobre cómo se amarra y se asegura.