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La cornamusa, en cuatro gestos
Tomar vuelta en una cornamusa lleva cinco segundos y aun así se hace mal a menudo. La diferencia entre bien y mal no se nota en calma, se nota de noche con fuerza seis.
Primero la vuelta redonda
Una vuelta completa al pie de la cornamusa antes de cruzar nada. Esa vuelta recibe la carga y la frena por rozamiento. Todo lo demás solo sujeta lo que la vuelta redonda ya ha sujetado.
Después dos o tres cruces
Cruzados sobre los dos cuernos, no más de tres. Enrollar todo el cabo no hace el amarre más seguro, solo más difícil de soltar cuando hay prisa.
Al final, el cote
La última vuelta con el seno pasado por debajo de sí mismo, de forma que muerda solo. Con carga a tirones, esa es la diferencia entre quedarse y irse soltando poco a poco.
El error de empezar por el cote
Empezar directamente por el cote pone toda la carga en un único punto de mordida. El cabo se aprieta ahí, no se puede soltar en tensión, y la fuerza entra sin frenar en la cornamusa y sus tornillos.
Cómo hacer firme un cabo en la cornamusa, paso a paso
Mucho se decide antes de que el cabo toque la cornamusa. Conviene que llegue de manera que rodee primero el cuerno más alejado de la carga. Así la vuelta redonda asienta bien en la base y los cruces no pisan la parte que trabaja.
Si se pasa primero por el cuerno cercano, se forma una vuelta montada: el tramo cargado queda encima de su propio chicote y puede trabarse en tensión. Normalmente uno lo descubre cuando necesita largar deprisa y el cabo no sale.
- Traiga el cabo de forma que alcance primero el cuerno más lejano.
- Dé una vuelta redonda completa al pie de la cornamusa sin perder tensión.
- Cruce en diagonal por encima y haga dos o tres cruces en forma de ocho.
- Remate con un cote, el seno vuelto hacia abajo para que quede paralelo al último cruce.
- Adujar el chicote y dejarlo donde nadie lo pise.
El ángulo entre el cabo y la cornamusa
Una cornamusa sujeta mejor cuando el cabo llega con un ligero ángulo respecto a su eje, como regla práctica unos 10 a 15 grados. Si entra justo en línea, la vuelta redonda se escapa por encima del cuerno con facilidad. Si entra de través, toda la fuerza carga de lado sobre un solo cuerno.
Una cornamusa ya montada no se puede girar, pero sí el recorrido del cabo. Una guía o un pasacabos delante la endereza para que llegue recto. Donde el cabo pasa por la regala o la borda, ponga protección contra el roce: un cabo desgastado suele romper ahí mucho antes de que ceda la cornamusa.
En tierra las cosas pueden ser distintas que a bordo. Las cornamusas del pantalán a veces están viejas, dobladas o sujetas con pocos tornillos en madera cansada. Écheles un vistazo antes de amarrar y, con viento fuerte, reparta la carga entre dos cornamusas o un bolardo en vez de confiarlo todo a una sola.
Amarras, drizas y escotas: cada cabo tiene su forma
No todos los cabos se hacen firmes igual. En las amarras el cote tiene sentido, porque el oleaje y las rachas trabajan el cabo durante horas. Lo mismo vale para una driza que sostiene una vela arriba: una driza que resbala se suele notar cuando la vela ya está bajando.
Con las escotas es distinto. Una escota puede tener que largarse en el acto, por ejemplo cuando una racha tumba el barco. Por eso muchos navegantes la hacen firme en cornamusa solo con vuelta redonda y cruces, sin cote, o la llevan de todos modos por winche y mordaza. La regla de fondo: cuanto antes deba soltarse un cabo, menos vueltas lleva.
Soltar un cabo de la cornamusa con carga
La verdadera prueba de un buen amarre no es hacerlo firme, sino soltarlo. Un cabo bien tomado se puede quitar en orden inverso aunque esté en tensión, sin que salga disparado.
La clave es mantener la vuelta redonda hasta el final. Con ella usted puede lascar el cabo poco a poco y con control en lugar de dejarlo ir de golpe. Mantenga las manos separadas de la cornamusa para que los dedos nunca queden entre el cabo y el cuerno.
Para desatracar hay un truco útil: deje las amarras por seno antes de salir. Se lleva el cabo desde a bordo alrededor de la cornamusa o del bolardo del pantalán y de vuelta a bordo, y se hacen firmes ambos chicotes en la cornamusa propia. Al salir, se suelta un extremo y se cobra el cabo sin que nadie en tierra tenga que ayudar. Asegúrese de que el cabo corre libre en tierra y no se engancha en ninguna arista.
- Deshaga el cote tirando del seno hacia arriba.
- Quite los cruces uno a uno mientras la vuelta redonda aguanta la carga.
- Apoye la palma sobre la vuelta redonda y lasque el cabo despacio.
- Retire la vuelta redonda solo cuando la carga haya desaparecido.
Tamaño de la cornamusa, grosor del cabo y estado
Cabo y cornamusa deben ir a juego. Una regla práctica muy citada dice que la cornamusa debería medir unas dieciséis veces el diámetro del cabo. Una cornamusa pequeña no admite una vuelta redonda limpia y tres cruces, y un cabo demasiado grueso salta por encima del cuerno con carga.
Revise las cornamusas al empezar la temporada. Si alguna se mueve, si el gelcoat de alrededor muestra grietas finas o si bajo cubierta corre agua por los tornillos, la fijación ya no está bien. Las fotos del estado de los herrajes también resultan útiles más adelante, por ejemplo si tras un temporal hay que comunicar un siniestro.
Qué cabo en qué cornamusa: proa, centro y popa
Tomar bien vuelta en una cornamusa no es solo cuestión del orden de las vueltas, sino también de qué cabo va en qué cornamusa. Las cornamusas de proa llevan las amarras de proa y las de popa las de popa. El esprín de proa va desde la proa hacia atrás hasta tierra, y el de popa desde la popa hacia delante. En barcos con cornamusas centrales, los esprines suelen hacerse firmes ahí, porque así sujetan el barco de forma más pareja.
Siempre que pueda, dé a cada cabo su propia cornamusa, para poder ajustar uno sin soltar otro. En lanchas con cornamusas pequeñas abatibles o escamoteables, compruebe antes de amarrar que el cabo admite de verdad una vuelta redonda limpia y dos cruces. Si no es así, use un cabo más fino que siga siendo bastante fuerte para el barco, o deje una gaza a bordo y regule el largo en el pantalán.
Preguntas frecuentes
¿Cuántos cruces lleva una cornamusa?
Dos, tres como mucho. Más vueltas apenas añaden sujeción, pero hacen el cabo más difícil de soltar y ocultan si está bien colocado.
¿Hace falta siempre el cote?
En amarras y drizas sí, porque evita que el movimiento constante afloje el amarre. En escotas que deben largarse rápido, muchos navegantes lo omiten a propósito.
¿Se pueden poner dos cabos en la misma cornamusa?
Se puede, pero rara vez conviene. El cabo de arriba aprisiona al de abajo y no se puede soltar el inferior sin quitar antes el superior. Si no queda otra, ponga arriba el que tenga que salir primero.
¿Puedo pasar una gaza por encima de la cornamusa?
A bordo sí, siempre que la gaza sea lo bastante grande para abrazar los dos cuernos. Muchos dejan la gaza a bordo y regulan el largo en tierra, o al revés. Lo importante es poder ajustar desde un extremo.
¿Por qué resbala mi cabo aunque haya dado vuelta redonda?
Casi siempre el grosor no corresponde a la cornamusa, o la sal y el sol han dejado el cabo duro y liso. Un ángulo de entrada malo también hace que la vuelta redonda suba por el cuerno.
¿Qué diferencia hay entre cornamusa y bolardo?
La cornamusa tiene dos cuernos y se trabaja con vuelta redonda y cruces. El bolardo es un poste único, en el que normalmente se encapilla una gaza o se da una vuelta redonda con dos medios cotes.
¿Hay un truco para recordar el orden en la cornamusa?
Piense en frenar, asegurar y bloquear. La vuelta redonda al pie frena la carga, dos o tres cruces sobre los cuernos la aseguran y el cote final muerde el chicote. Sea cual sea la cornamusa o el cabo, ese orden no cambia.
Qué tiene esto que ver con el seguro
Cuando una cornamusa cede, el daño rara vez se queda en la cornamusa. Se lleva un trozo de cubierta, y eso es una reparación de laminado. Por eso conviene mirar por debajo: una cornamusa va pasante con contraplaca, no simplemente atornillada a la cubierta.