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La cornamusa, en cuatro gestos
Tomar vuelta en una cornamusa lleva cinco segundos y aun así se hace mal a menudo. La diferencia entre bien y mal no se nota en calma, se nota de noche con fuerza seis.

Primero la vuelta redonda
Una vuelta completa al pie de la cornamusa antes de cruzar nada. Esa vuelta recibe la carga y la frena por rozamiento. Todo lo demás solo sujeta lo que la vuelta redonda ya ha sujetado.
Después dos o tres cruces
Cruzados sobre los dos cuernos, no más de tres. Enrollar todo el cabo no hace el amarre más seguro, solo más difícil de soltar cuando hay prisa.
Al final, el cote
La última vuelta con el seno pasado por debajo de sí mismo, de forma que muerda solo. Con carga a tirones, esa es la diferencia entre quedarse y irse soltando poco a poco.
El error de empezar por el cote
Empezar directamente por el cote pone toda la carga en un único punto de mordida. El cabo se aprieta ahí, no se puede soltar en tensión, y la fuerza entra sin frenar en la cornamusa y sus tornillos.
Qué tiene esto que ver con el seguro
Cuando una cornamusa cede, el daño rara vez se queda en la cornamusa. Se lleva un trozo de cubierta, y eso es una reparación de laminado. Por eso conviene mirar por debajo: una cornamusa va pasante con contraplaca, no simplemente atornillada a la cubierta.