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Varada: los tres minutos en que se ve la embarcación entera

La hora en eslingas es la única en que se ve la obra viva completa. Qué suele salir mal, qué cláusulas lo deciden y por qué tres minutos de fotos evitan discusiones en primavera.

16 de septiembre de 20268 min de lecturaNAMMERT Assekuradeur GmbH

En Baleares y en Canarias la temporada no termina en octubre, pero la varada sí llega igual: para la limpieza de obra viva, para las ánodas, para la revisión del eje o simplemente porque toca. En la Península, en cambio, muchos puertos concentran las izadas entre finales de septiembre y noviembre. En todos los casos el procedimiento se parece: reservar el turno, el travelift, las eslingas, el picadero, y en menos de una hora el propietario ya se ha ido. Esa hora merece más atención de la que recibe, porque es el único momento del año en que se ve el barco entero.

Ese día ocurren dos cosas muy distintas a la vez, y en el parte se suelen mezclar. La primera es un daño producido por la propia izada: una eslinga que se desplaza, el barco que se asienta torcido sobre el picadero, un puntal que cede, la caja del corredera que se arranca. La segunda es un daño de la temporada que acaba y que solo ahora se ve: el arañazo en el encastre de la quilla de un toque de fondo en julio, la pala del timón golpeada, la fisura del gelcoat bajo la línea de flotación. Las dos acaban en una factura de varadero, pero no se tratan igual.

Para el primer caso, lo que hay que buscar en unas condiciones de casco es si la cobertura sigue vigente con el barco fuera del agua. La mayoría de los condicionados incluyen la estancia en tierra, la varada y la botadura, y también los periodos de reparación, inspección o carena. Casi todos, sin embargo, añaden una condición sobre el lugar: tiene que ser objetivamente adecuado para embarcaciones de ese tipo. Ahí empiezan las discusiones. La grúa de un varadero cumple; una máquina de obra prestada en una rampa sin firme, no. Quien saca su embarcación con remolque usando maquinaria improvisada conviene que pregunte antes, no después.

Para el segundo caso, la palabra clave en casi todos los condicionados es la comunicación. La cobertura de los gastos de inspección tras un toque de fondo suele estar limitada a un importe y, sobre todo, condicionada a que el toque se comunicara cuando ocurrió. Quien roza un bajo en julio, sigue navegando porque nada parece raro y descubre la marca en la quilla en octubre acumula tres meses de silencio. No se pierde nada de forma automática, pero la cuestión de la causa pasa a reconstruirse con fotografías en lugar de con una llamada de entonces, y en un velero con pernos de quilla ahí es donde el peritaje se encarece.

Hay una partida que los propietarios esperan recuperar y casi nunca pueden: la propia grúa. Conviene leer el apartado de indemnización y no el de coberturas. Los gastos de grúa y varada se reembolsan normalmente solo cuando se han producido a causa de un siniestro cubierto. La varada estacional es mantenimiento, y el mantenimiento no es un siniestro. Si la embarcación tiene que salir del agua por un siniestro comunicado, la grúa suele formar parte de la cuenta, igual que el transporte al varadero de reparación, que en muchos condicionados se trata como el propio coste de reparación y se imputa a la suma asegurada.

El papeleo del día de la izada merece un minuto que casi nunca recibe. Varaderos y clubes suelen presentar un impreso antes de poner las eslingas, limitando o excluyendo su responsabilidad por la maniobra. Se firma de pie, con una defensa bajo el brazo. Esa firma cuenta después, porque los condicionados de casco obligan al asegurado a entregar a la aseguradora todo lo necesario para reclamar a un tercero. Quien ya ha renunciado por escrito a esa reclamación ha cerrado esa vía antes de que pasara nada, y un condicionado que exige colaboración puede tratarlo como incumplimiento. El impreso rara vez pasa de una página.

La responsabilidad civil también se interpreta mal ese día. Si la embarcación oscila en las eslingas y golpea a la del picadero contiguo, no es un siniestro de casco con un añadido para el vecino. Los condicionados de casco excluyen de forma habitual las reclamaciones de responsabilidad de terceros, de modo que el daño a la otra embarcación corresponde a la póliza de responsabilidad civil y el daño propio a la de casco, cada uno con su propia comunicación. En un catamarán o en una motora ancha izada con eslingas especiales y poco margen, esto es cotidiano y no un ejemplo de manual.

Hay una exclusión que sorprende cada otoño. El desgaste por uso ordinario y los defectos de diseño, fabricación o material no suelen estar cubiertos en la pieza directamente afectada, mientras que los daños que se derivan directamente de ese fallo sí lo están con frecuencia. En la práctica: si una cáncamo de izada corroído desde hace años se arranca al enganchar, el cáncamo es problema del propietario y el daño que causa la embarcación al caer puede no serlo. De ahí que convenga mirar los puntos de enganche antes de poner la eslinga, y con más motivo en un clásico con herrajes originales.

La costumbre que vale la pena adquirir es poco vistosa y funciona todos los años: dar una vuelta al barco mientras cuelga y fotografiarlo. Los dos costados del casco, la quilla desde proa y desde popa, el timón, la hélice, el eje, las tomas de mar y las ánodas. Tres minutos, sin coste, y en caso de discusión el único registro del estado en que la embarcación salió del agua. Quien tiene esas imágenes no discute en primavera si el daño es anterior o posterior a la invernada. Quien no las tiene, discute, y en la mayoría de los condicionados la carga de la prueba recae en el asegurado.

Para repasar

Revisar los cáncamos y puntos de enganche antes de colocar las eslingas, la corrosión es allí la sorpresa más frecuente. Leer el impreso del varadero o del club antes de firmarlo y comprobar si excluye su responsabilidad por la maniobra. Mientras la embarcación cuelga: fotografiar ambos costados, la quilla desde proa y popa, timón, hélice, eje, tomas de mar y ánodas. Comunicar cualquier toque de fondo de la temporada, incluso el que pareció inofensivo, porque la cobertura de inspección suele depender de esa comunicación. Comprobar que el lugar de izada es objetivamente adecuado para embarcaciones de ese tipo y consultar antes cualquier maquinaria improvisada. Si algo se daña durante la maniobra, comunicarlo de inmediato y permitir la inspección antes de empezar la reparación. Si su embarcación golpea a otra: dos comunicaciones separadas, casco para lo propio, responsabilidad civil para la ajena. Presentar la factura de grúa solo si la varada se debió a un siniestro cubierto, la varada estacional es mantenimiento.

Preguntas frecuentes

¿Sigue vigente la cobertura de casco mientras el barco está en eslingas?

En la mayoría de condicionados sí, porque la estancia en tierra incluida la varada y la botadura se nombra expresamente, pero casi todos exigen que el lugar sea objetivamente adecuado para ese tipo de embarcación.

¿Puedo reclamar la factura de grúa de la varada de otoño?

Normalmente no. Los apartados de indemnización suelen reembolsar los gastos de grúa solo cuando se producen a causa de un siniestro cubierto, y la varada estacional es mantenimiento.

Mi barco osciló en las eslingas y golpeó al de al lado. ¿Cómo se tramita?

Como dos asuntos distintos. Los condicionados de casco excluyen habitualmente las reclamaciones de terceros, así que el daño ajeno va a responsabilidad civil y el propio a la póliza de casco.

Acabo de ver un arañazo en la quilla de un toque de fondo de julio. ¿Llego tarde?

Comuníquelo en cuanto lo sepa. La cobertura de inspección tras un toque de fondo suele estar limitada y condicionada a la comunicación, y un aviso tardío convierte la causa en una reconstrucción con fotos.

El varadero pide firmar una exoneración de responsabilidad antes de izar.

Léala primero. Los condicionados de casco obligan a entregar a la aseguradora lo necesario para reclamar a un tercero, y una renuncia firmada de antemano puede cerrar esa vía antes de que ocurra nada.

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