Incendio a bordo: por dónde empieza y qué decide
Respuesta breve
Un incendio en una embarcación termina casi siempre en pérdida total, así que la cuenta no la decide la reparación sino la suma asegurada. Y el origen casi nunca está en la cocina.
El fuego es la causa de siniestro con el peor pronóstico de todas. Una embarcación es fibra, resina, espumas, tapicería, gasoil o gasolina y conducciones de plástico repartidas por todo el casco, de modo que cuando arde por dentro suele estar perdida antes de que llegue ayuda, y en un pantalán el problema se traslada además a los barcos de al lado. Por eso la cuenta se hace de otra manera que en cualquier otro siniestro. Aquí casi nunca se discute un presupuesto de reparación, se comprueba una cifra escrita años antes: la suma asegurada, y si se pactó un valor convenido, la fecha en que se pactó.
El origen, al contrario de lo que se supone, rara vez está en la cocina. Está en la instalación eléctrica: cables que rozan contra un mamparo o quedan subdimensionados para el consumo que se les ha añadido, regletas y bornes corroídos por el ambiente salino, equipos instalados después sin fusible propio, tomas del pantalán sobrecargadas con alargadores y cargadores de batería envejecidos que nadie revisa. Las baterías de litio no arden con más frecuencia que otras, pero mal instaladas o cargadas con un equipo que no les corresponde arden más caliente y durante más tiempo, y el agua no sirve para apagarlas. La segunda familia de causas es el combustible: vapores de gasolina acumulados en la sentina, un manguito que rezuma en la sala de máquinas, una chispa al arrancar. Ventilar antes de dar contacto en un motor de gasolina no es un consejo, es la protección contra incendios del barco.
Después de un incendio importante se investiga el origen, y esa conclusión no es un detalle técnico: decide si hay alguien a quien reclamar, un taller, un instalador o un fabricante, y decide también cómo se cierra el expediente. Lo que ayuda antes es poco espectacular. Revisar bornes y regletas en la puesta a punto de primavera y dejar constancia escrita de esa revisión, poner un detector en la sala de máquinas y otro en el salón, colocar el extintor al alcance de la mano desde la litera y no en el cofre de popa, montar un diferencial en la toma de tierra del pantalán y cargar el litio solo con su sistema de gestión y nunca en un espacio cerrado sin ventilación. Y revisar la suma asegurada después de cada inversión grande, porque en un incendio no hay una segunda oportunidad para corregirla.
Para recordar
Casi siempre
un incendio acaba en pérdida total
Entonces
solo cuenta la suma asegurada
En un incendio no se discute un presupuesto, se comprueba una cifra escrita años antes.
Preguntas frecuentes
Lo que se pregunta con más frecuencia
¿Por dónde empiezan la mayoría de los incendios a bordo?
Por la instalación eléctrica: cables rozados o subdimensionados, bornes corroídos, equipos añadidos sin fusible, tomas del pantalán sobrecargadas y cargadores envejecidos. Después viene el combustible, sobre todo vapores de gasolina en la sentina.
¿Por qué importa tanto la suma asegurada en un incendio?
Porque un incendio a bordo acaba casi siempre en pérdida total y no en reparación. Si la cifra escrita en la póliza se quedó atrás respecto al barco, no hay manera de corregirlo después del siniestro.
¿Las baterías de litio son más peligrosas?
No arden con más frecuencia, pero arden más caliente y más tiempo, y el agua no las apaga. Lo que marca la diferencia es la instalación: sistema de gestión propio, cargador adecuado y un espacio ventilado.
¿Qué se investiga después de un incendio?
El punto de origen y la causa. De ahí sale si existe un tercero responsable, por ejemplo un taller o un instalador, y de ahí sale también la reconstrucción del expediente. Guarde facturas y partes de revisión anteriores.
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