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Velero atracado de costado en un muelle con las defensas fuera

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Atracar a motor

Casi todo golpe de puerto ocurre en los últimos veinte metros. Y casi siempre porque la maniobra empezó antes de saber qué pensaban hacer el viento y la corriente con el barco.

El barco entra marcha atrás en el amarre con viento de través. Primero se pasa el cabo por el pilote de barlovento y después los dos cabos de popa al pantalán.

Primero mirar, luego entrar

Una vuelta por la dársena cuesta dos minutos. De dónde entra el viento, cómo tira la corriente, cómo están los vecinos, dónde hay cabos y muertos. Saberlo antes significa menos gas después.

El efecto de hélice

Marcha atrás, la popa de casi todos los barcos cae hacia un lado, a babor con hélice dextrógira. No es una molestia sino una herramienta: atraque de modo que el efecto lleve la popa hacia el pantalán, no al revés.

Atracar con esprín

Con viento que aparta del pantalán ayuda un esprín de popa: primero a tierra, luego un poco de avante contra el cabo. El barco se arrima solo y se queda ahí sin que nadie tenga que tirar.

La retirada

Decida antes qué le dirá que la cosa no sale y adónde irá entonces. Una maniobra abortada no cuesta nada. Una forzada que sale mal cuesta gelcoat, candeleros o el vecino.

Preparar la maniobra de atraque antes de entrar en puerto

Una buena maniobra de atraque empieza fuera de la bocana, no en el pantalán. Ahí todavía hay sitio para colgar las defensas, preparar los cabos y explicar con calma a la tripulación quién hace qué. Quien busca defensas ya dentro de la dársena tiene las manos ocupadas justo cuando el barco más las necesita.

Antes de entrar, aclare tres cosas: por qué banda se atraca, qué cabo va primero a tierra y quién lo entrega. Las defensas van en la banda que da al pantalán, a la altura del borde contra el que rozará el casco. Una defensa suelta en manos de un tripulante cubre el punto en el que, a pesar de todo, se calculó mal.

También hay que planear el recorrido por el canal entre pantalanes. Fíjese en dónde hay espacio para girar y dónde no. Con el viento cruzado al canal, el giro del final suele ser lo más difícil de toda la maniobra.

  1. Colgar las defensas a la altura del pantalán o del costado del vecino
  2. Preparar cabo de proa, de popa y espring, pasados por fuera para que salgan limpios
  3. Repartir tareas: timón, cabos y defensa suelta
  4. Observar viento y corriente dentro de la dársena
  5. Acordar el punto de retirada y un amarre alternativo
Todas las fichas

Atracar con viento de través

El viento de través explica por qué una maniobra que ayer salió sola hoy sale mal. A poca velocidad el timón apenas gobierna y el viento empuja el barco de lado. En la mayoría de los barcos la proa cae antes que la popa, porque a proa hay poco casco en el agua y mucha superficie expuesta al viento. Es una regla práctica, cada barco tiene su carácter.

Por eso, con viento de través, lleve algo más de arrancada que en calma, pero nunca más de la que pueda parar, y mantenga la proa a barlovento del puesto. Quien apunta directo al hueco termina un poco a sotavento de él. Calcule un ángulo de corrección, igual que al cruzar un río.

Si el viento empuja hacia el pantalán, atracar es fácil y desatracar es lo difícil. Pare en paralelo a una manga de distancia y deje que el viento le acerque, bien protegido con defensas. Si el viento aparta del pantalán, el primer cabo tiene que quedar firme enseguida, normalmente desde la cornamusa central, para que el barco no se aleje mientras se dan los demás.

Entrar marcha atrás en el amarre

Entrar de popa en un hueco es la maniobra que más respeto impone a muchos patrones. Sin embargo, el barco reacciona de forma previsible si se conocen sus manías. Pruebe primero en aguas libres hacia dónde tira la popa al meter marcha atrás y a partir de qué velocidad empieza a gobernar el timón. Cinco minutos de práctica fuera ahorran varios intentos dentro.

Marcha atrás, el timón necesita agua pasando por la pala antes de hacer efecto. Por eso suelen funcionar mejor golpes de motor cortos y decididos, con punto muerto entre ellos, que una velocidad constante. Sujete bien la rueda, porque marcha atrás la pala puede irse de golpe a una banda. Con caña, todavía más.

Aproveche el efecto de hélice: si su popa cae a babor, prepare la aproximación para que ese tirón le meta en el hueco en lugar de llevarle contra el vecino. Como regla práctica, marcha atrás la popa busca el viento, porque la proa cae a sotavento. Entrar de popa con la popa al viento suele ser más fácil que con el viento por la proa.

Atraque de popa con muerto y amarre entre postes

En el Mediterráneo lo habitual es atracar de popa al muelle y sujetar la proa con el cabo del muerto. El orden importa: primero los cabos de popa a tierra, sin tensarlos del todo, y después la guía del muerto, que se recoge desde la popa y se lleva por fuera del costado hasta la proa. Ese cabo se tensa bien antes de cobrar las popas, para que el barco no toque el muelle.

Cuidado con la hélice: la guía del muerto suele estar en el fondo junto al muelle, y si se mete marcha con ella suelta cerca de la popa, se enreda con facilidad. Pida al marinero que le indique dónde está y no dé avante mientras un cabo cuelgue por la popa.

En puertos del norte de Europa encontrará además puestos entre dos postes, con la proa al pantalán. Ahí los cabos de popa se pasan por los postes al entrar, con el barco aún en movimiento, y se cobran justo antes de llegar para frenar. Con viento cruzado se da primero el de barlovento.

Atracar con poca tripulación o con ayuda del marinero

La ayuda desde el pantalán es bienvenida si queda claro qué tiene que pasar. Diga al marinero o al vecino dónde quiere el cabo y entrégueselo de forma que el chicote quede a bordo. Así regula usted la tensión desde el barco y no quien está en tierra.

Manos y pies no sustituyen a la distancia. Nadie debería apartar un barco del muelle o del vecino con una pierna o un brazo, ningún cuerpo aguanta varias toneladas en movimiento. Una defensa suelta, puesta en el punto de contacto, es mucho mejor solución.

Si la aproximación no sale, ponga punto muerto, vuelva a aguas libres y empiece de nuevo. Un segundo intento casi nadie lo nota en el pantalán; un golpe en el barco de al lado lo oye todo el puerto.

Preguntas frecuentes

¿A qué velocidad conviene entrar en el amarre?

Tan despacio como sea posible y tan rápido como sea necesario. En calma basta muchas veces con ir al paso. Con viento hace falta algo más de arrancada para que el timón gobierne. Lo importante es poder parar en cualquier momento.

¿Qué cabo se da primero al atracar?

Depende del viento. De costado suele ser un cabo desde el centro o un espring de popa, porque mantiene el barco en posición. De popa al muelle, primero las popas y luego el muerto. Decídalo antes y dígaselo a la tripulación.

¿Es mejor atracar de proa o de popa?

De proa se ve mejor y el barco gobierna con más facilidad. De popa se baja con comodidad por la plataforma, que es lo habitual en el Mediterráneo, pero exige más sensibilidad con el efecto de hélice. Practíquelo primero con poco viento.

¿Ayuda la hélice de proa con viento de través?

Mantiene la proa mientras el viento es moderado. Con viento fuerte a menudo no tiene potencia suficiente, y muchas solo pueden funcionar periodos cortos seguidos. Planee la maniobra para que salga también sin ella.

¿Se puede atracar en solitario?

Sí, con preparación. Un cabo desde la cornamusa central, pasado por una cornamusa o argolla del pantalán y devuelto a bordo, sujeta el barco mientras usted da los demás cabos. Practíquelo con buen tiempo.

¿Qué hacer tras un roce con otro barco al atracar?

Primero asegure su barco y después revise. Haga fotos de ambos barcos, anote nombre, amarre y testigos, y hable con el armador del otro barco o con la capitanía. Comunique el incidente a su aseguradora sin demora.

Amarre y fondeo Los cinco temas Seguro de altura

Qué tiene esto que ver con el seguro

Al atracar se juntan dos siniestros: el del propio barco, que asume el casco, y el del ajeno, que asume la responsabilidad civil. Por eso tras un roce conviene mirar más allá del propio barco y documentar el asunto en el acto: fotos, testigos, nombre y amarre del otro barco.

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