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El plotter dice dónde está. No por qué
La navegación electrónica es buena, y falla. Una batería agotada, un equipo mojado, una actualización a destiempo. Quien además sabe dónde está, lo nota en el mismo minuto. Quien no, lo nota más tarde.
Carta, rumbo y estima
Rumbo sobre el fondo a partir del rumbo de aguja, la corriente y el abatimiento. La estima no es una pieza de museo, sino el recurso cuando la pantalla se apaga: rumbo, velocidad y tiempo dan una posición suficiente para el puerto siguiente.
Demoras y situación
Dos demoras a objetos fijos se cortan en su posición, tres forman un pequeño triángulo y muestran con qué cuidado ha trabajado. La misma demora a dos luces cada media hora por la noche dice si el ancla aguanta.
Balizamiento
En la región IALA A, el rojo queda a babor al entrar. Las marcas cardinales se recuerdan en el sentido del reloj, norte, este, sur, oeste, y los conos son la regla mnemotécnica: dos puntas arriba es norte.
Reglamento de abordajes
Reglas de paso, luces y señales acústicas. Las tres preguntas son siempre las mismas: lo veo, me ve, y quién cede el paso a quién. Un barco a motor no es un velero, aunque lleve las velas izadas.
Mareas, corriente y tiempo
Tablas de marea antes de largar, no después. Leer el barómetro a lo largo del día, porque no cuenta el valor sino el cambio. Las nubes y la escala Beaufort dan el orden de magnitud antes de que lo confirme la cobertura del móvil.
Cuaderno de bitácora
Posición, rumbo, tiempo, horas de motor y cualquier hecho fuera de lo común. La declinación y el desvío se calculan dentro, si no la serie no cuadra. La bitácora es el único registro de a bordo que nadie puede reconstruir después.
Navegación a vela: planificar, llevar la estima, comprobar
La mayor parte de una buena navegación a vela se hace antes de largar amarras. En la mesa de cartas se decide la ruta, se marcan bajos, zonas prohibidas y canales, se apuntan las horas de marea y se eligen puertos de refugio por si el tiempo cambia. Una vez en el mar ya no se planifica: solo se comprueba.
Esa comprobación tiene dos partes. Una es el cálculo continuo: rumbo, velocidad y tiempo dan una posición que se lleva a la carta. La otra es contrastarla con lo que hay fuera, con boyas, puntos de tierra, la sonda y la posición por satélite. Si coinciden, todo va bien. Si se separan, tiene usted un aviso mucho antes de que el error sea peligroso.
Leer una carta náutica: sondas, símbolos y escala
Los números de la carta son sondas en metros referidas al cero hidrográfico, un nivel de bajamar por debajo del cual el agua rara vez desciende. Donde hay marea, a la sonda de la carta se le suma la altura de marea del momento. Las alturas de faros y los gálibos de puentes se refieren a otro nivel, que se indica en el cartucho de la carta. Por eso conviene leer ese cartucho completo al menos una vez.
Las distancias se toman siempre en la escala de latitudes del margen lateral, nunca en la de longitudes de arriba o abajo. Un minuto de latitud equivale a una milla náutica. La rosa de la carta indica el norte verdadero y la declinación magnética de un año concreto con su variación anual, que hay que actualizar al año en curso.
Una carta vale lo que valen sus correcciones. Las boyas se cambian, se señalan pecios nuevos y los canales se desplazan. Las correcciones se publican en los Avisos a los Navegantes y se anotan a mano en la carta de papel. En la cartografía electrónica se encarga la actualización, siempre que alguien la instale.
Trazar el rumbo: de la carta al rumbo de aguja
Trazar el rumbo es convertir una línea en la carta en un número que el timonel pueda seguir. Primero se mide el rumbo verdadero entre salida y destino. Después se comprueba si una corriente va a sacar al barco de esa línea, con el triángulo de corrientes: desde la salida se traza la corriente de una hora; desde el extremo de ese vector se abre el compás con la velocidad del barco en el agua hasta cortar la derrota. Esa línea es el rumbo que hay que hacer.
Luego vienen el abatimiento, la declinación y el desvío. El abatimiento se estima y se compensa orzando lo mismo. Declinación y desvío se aplican con su signo correcto: al pasar de rumbo verdadero a rumbo de aguja, los valores al este se restan y los valores al oeste se suman. Quien escribe la secuencia ordenada una vez deja de equivocarse de signo a la décima.
- Trazar la derrota en la carta y medir el rumbo verdadero.
- Tomar la corriente del atlas de corrientes o de la carta y construir el triángulo.
- Estimar el abatimiento y compensarlo hacia barlovento.
- Aplicar la declinación actualizada al año en curso.
- Aplicar el desvío de la tablilla para ese rumbo.
- Anotar en el cuaderno el rumbo de aguja, la hora y la lectura de la corredera.
Navegación por estima: la posición a partir de rumbo, velocidad y tiempo
La estima es el cálculo que funciona siempre, haya o no electricidad. Desde la última situación segura se traza el rumbo gobernado y sobre él la distancia navegada, sacada de la corredera o de multiplicar velocidad por tiempo. El resultado es la situación de estima. Si además se aplican corriente y abatimiento, se obtiene una situación estimada mucho más cercana a la real.
Para el cálculo mental a bordo sirve la regla de los seis minutos: en seis minutos un barco recorre en millas la décima parte de su velocidad en nudos. A seis nudos son seis décimas de milla. Lleve la estima a la carta con regularidad, en alta mar más o menos cada hora y cerca de costa con más frecuencia. Una demora a un mismo punto de tierra tomada dos veces, con la primera trasladada según la distancia navegada, convierte una estima en una situación por marcaciones sucesivas.
Si falla el plotter: qué debe haber a bordo
Una avería casi nunca avisa. Conviene tener a mano una carta de papel de la zona a una escala útil, transportador o escuadras de navegación, compás de puntas, lápiz y goma, una aguja de marcar de mano y un derrotero. Un segundo aparato con batería propia, como una tableta con cartas, es un buen complemento, pero no sustituye a una carta que se lee sin corriente.
Más que el material, cuenta la costumbre. Quien anota cada hora posición, rumbo y lectura de la corredera tiene un punto de partida en el momento en que se apaga la pantalla. Quien solo se fiaba de ella tiene que averiguar primero dónde estaba. Por eso, de vez en cuando y con buen tiempo, navegue un tramo solo con carta y aguja y compare al final con la posición del satélite.
Preguntas frecuentes
¿Qué es la navegación por estima?
Calcular la posición a partir del rumbo gobernado, la velocidad y el tiempo transcurrido desde la última situación conocida. Con corriente y abatimiento se obtiene la situación estimada.
¿Cómo se miden distancias en una carta náutica?
Con el compás de puntas en la escala de latitudes del margen, a la altura del tramo. Un minuto de latitud es una milla náutica.
¿Qué significan los números de la carta?
Son sondas en metros referidas al cero hidrográfico. Donde hay marea se suma la altura de marea del momento.
¿En qué orden se calcula el rumbo de aguja?
Rumbo verdadero en la carta, después la corriente con el triángulo, luego el abatimiento, la declinación y por último el desvío. El resultado es el rumbo de aguja.
¿Qué es la regla de los seis minutos?
Una regla práctica de cálculo mental: en seis minutos un barco recorre en millas la décima parte de su velocidad. A cinco nudos es media milla.
¿Siguen haciendo falta cartas de papel a bordo?
Como respaldo, sí. Una carta de papel funciona sin corriente, sin programas y sin cobertura, y en ella se puede comprobar cualquier cálculo.
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Qué tiene esto que ver con el seguro
Tras un siniestro la bitácora es la mejor prueba que tiene: muestra tiempo, posición y hora, y los muestra en una serie escrita antes del daño. En nuestro caso hay algo más: la cobertura de altura exige el cuaderno digital NAMMERT en cuanto el barco se aleja más de 300 millas náuticas de la posición declarada. Llevarlo cumple una obligación contractual y produce a la vez el documento que cuenta en el siniestro.